Brasil y Estados Unidos nos han regalado una final de la Copa Confederaciones para el recuerdo.

Todo parecía ir según el cauce de la semifinal del miércoles: Estados estaba parando a varios de los mejores del mundo con una defensa férrea, sin apenas conceder ocasiones claras en 45 minutos, pero sobre todo con un contragolpe veloz, mortal y efectivo. Onyewu estaba haciendo méritos para ser el mejor de la final (aunque el premio se lo hubiese llevado Donovan) y lo poco que pasaba el muro Onyewu-DeMerit moría en las manos de un inconmensurable Tim Howard. Pero tras el descanso, todo parecido con el partido ante España se esfumó.
Y todo lo que habían construído los americanos desde el día del milagro ante Egipto se derrumbó como un castillo de naipes. Estados Unidos salió dormida del descanso, quizás onnubilada por el sueño que rozaban con las manos, y se encontraron la primera en la frente. Luís Fabiano se queda en uno contra uno contra un defensa y se marca un golazo desde fuera del área ante el que nada puede hacer Howard. En ese momento, las rodillas americanas empezaron a temblar, como quizás lo hubiesen hecho si España marca el gol que tanto rozó en la segunda parte el miércoles. Aunque durante unos minutos pareció que USA podría volver a hacer daño, las instrucciones de Dunga eran claras. El segundo gol yanqui, que llegó tras una contra en que sólo dos defensas se quedaron atrás para el corner, había cabreado al seleccionador brasileño y en la segunda parte no menos de cinco se quedaban en cada córner, a pesar de ir perdiendo. Cuestionable decisión? Sí, pero cortó de raíz cualquier problema que pudiese dar Estados Unidos, balones parados aparte. Más tarde será momento de analizar lo de Dunga.

Descabezada Estados Unidos en su ataque, Brasil se lanzó a rematar a su rival destruyendo su línea más fuerte: la defensa. Poco a poco se vinieron arriba mientras la inmaculada, durante los 135 minutos anteriores, línea trasera americana se venía poco a poco abajo. Incluso Onyewu volvió a demostrar que es terrenal y casi cede un gol a Luís Fabiano por quedarse dormido en un fuera de juego. Tal vez también afecto el cansancio, pero eran un equipo desarbolado, y la remontada brasileña era cuestión de tiempo. Al final la bolita fue entrando, a pesar de Howard (torneo espectacular del ex del ManU, ahora del Everton, y tan criticado muchas veces, ahora elegido mejor portero de esta Copa) y de los goles fantasma.
En resumen, a Estados Unidos le faltó templar los nervios en un momento decisivo. Saber competir, que nos gustaba alegar en su día cuando nos pasaba a nosotros. Pero se ha logrado algo mucho más importante: que el fútbol sea portada en la prensa norteamericana. El Los Angeles Times (imagen), el New York Times e incluso la CNN, entre otros medios de repercursión nacional e internacional están hablando de la hazaña del Obama Team, del equipo que puede marcar una época en la cultura del soccer, que puede hacer que deje de ser el deporte que “practican los niños americanos hasta que se convierten en hombres”. Este equipo está en condiciones de volver el año que viene a Sudáfrica y lanzar el primer órdago serio en un Mundial, con hombres de la calidad de Donovan, Dempsey y Onyewu y la juventud prometedora de Bradley o Altidore. Va a haber que tenerlos en cuenta.
Y Brasil… sigue siendo Brasil, la Brasil de Dunga. La misma que tanto se ha discutido en los últimos meses, y me temo que seguiremos criticando a su entrenador aunque, con partidos como hoy, calle bocas.
Pero, sin ir más lejos, en semifinales vimos la cara más gris de este equipo, la que hemos visto en muchos partidos de la clasificación para el Mundial, y que les pudo haber costado un disgusto si no fuese por la calidad individual de sus jugadores. Sin embargo, y como dije antes, nada se le puede reprochar a Dunga en el partido de hoy. Brasil sufre de una bipolaridad alarmante y fascinante al mismo tiempo: es una contradicción ver a jugadores nacidos para jugar bonito echando el cerrojo, o a Alves en el lateral izquierdo por no renunciar al potencial defensivo de Maicon; no obstante, cuando juegan cómodos son un equipo imparable a la contra con una sintonía impresionante (aunque los jugadores no luzcan especialmente en esa táctica). Es, pues, esta Brasil un equipo ciclotímico que dependerá de llegar en un momento alto a los partidos decisivos de Mundial si quiere luchar por ser hexacampeona.
Final de la Copa Confederaciones
Estados Unidos 2 – 3 Brasil
1-0 Dempsey (10′), 2-0 Donovan (27′), 2-1 Luís Fabiano (46′), 2-2 Luís Fabiano (74′), 2-3 Lúcio (84′)
Escrito por Cabeson do Carallo
Lejos de mi intención minusvalorar el partidazo de Estados Unidos ayer, pero España no estaba en el campo. En general, lo que ha girado alrededor de España durante este torneo no ha sido nada de lo ocurrido en Sudáfrica, sino lo que se cocía o dejaba de cocer en los despachos de la Castellana o de Mestalla o del Camp Nou. No es momento ni soy quién de culpar a alguien, pero se le ha dado muy poca importancia por parte de la aficción a un torneo que, no olvidemos, es oficial. Esto se veía venir antes de empezar la Confed, como también se veía venir que todo lo que no fuese llegar a la final iba a mosquear al personal, aunque los diez días anteriores sólo tuviesen ojos para los rumores de fichajes. Tipical Spanish: dar poco y exigir mucho. Y, cómo no, hay que buscar un culpable. Parece que a la gente le ha entrado sentimiento de culpa por seguir más los fichajes que a la selección, pero lo achacan a los demás: el aficcionado de a pie culpa a la prensa por no hablar más de fútbol y la prensa se defiende diciendo que sólo dan al lector lo que quiere oír. Los dos tienen razón en sus protestas, pero los dos están equivocados desde un principio. Es una pescadilla que se muerde la cola: la gente compra el morbo, los periódicos aumentan el morbo y lo estiran todo lo que pueden, se genera odio/rabia en el sector contrario, la prensa se llena la boca cuando la chispa se prende con el morbo (ya digerido como odio/rabia) que han soltado. No creo que haga falta denunciar los medios que utilizan los ídem porque de sobra estamos acostumbrados (mal que nos pese) de un tiempo a esta parte. Pero limitémonos al fútbol.
Sensacionales Donovan y Bradley (presente y futuro) en la conexión defensa-ataque para llevar el balón en condiciones a Dempsey y Jozy Altidore, a la postre autores de los goles ante la pasiva mirada de la defensa española, que hizo un papel horrible, en sintonía con el resto del equipo. El broche de oro lo puso Ramos, casi regalando el segundo gol a Dempsey, rompiendo la primera regla que enseñan a un defensa nada más entrar a un equipo de infantiles: en el área no se juega. Pero antes, también Capdevila se había visto desbordado, y Puyol y Piqué. Un desastre.
Escrito por Cabeson do Carallo 
Escrito por Cabeson do Carallo 