TVE nos vuelve a tomar el pelo

Agosto 29, 2009

TVE vuelve a las andadas por enésima vez y, como casi siempre, quién paga los platos rotos es la Premier League. A pesar de reservarse el derecho a emitir el primer partido realmente grande de la temporada, el Manchester United-Arsenal, el más importante de la jornada, la cadena pública lo emitirá en diferido para retransmitir la clasificación del GP de Indianápolis de MotoGP.

Y os preguntaréis… por qué no emiten uno por La2 y el otro por Teledeporte? No pueden. Por alguna razón que se nos escapa, el contrato que TVE tiene con Dorna, la empresa organizadora del Mundial de Motociclismo, exige que ningún otro acontecimiento pase por encima de las motos. Es decir, las motos deben ir tanto en una de los dos canales clásicos -La1 o La2- y, además, por Teledeporte. Totalmente ridículo el desaprovechamiento de los distintos eventos deportivos que posee TVE, que ya lleva muchos meses haciendo despropósito tras despropósito.

Y podría haber sido peor, pues hasta ayer TVE anunciaba que emitiría la primera parte del partido, para cortar en el descanso y conectar con las motos. Hubiese sido el acabose.


¿Champions League en Transnistria?

Agosto 18, 2009

Axel Torres es el especialista en fútbol internacional de Marca.com y director y presentador de Marcador Internacional en Radio Marca y Planeta Axel en GolTV. Desde su blog Planeta Axel en dicha página web extraemos este artículo sobre el equipo más modesto de los que aspiran a jugar la próxima edición de la Champions League: el Sheriff de Tiraspol. Su trayectoria hasta el play-off que disputará esta noche ante el Olympiacos, su dominio en los últimos años en la liga moldava y también la situación de la región de Transnistria, lugar de procedencia del equipo, tanto en el plano político como social, y cómo puede verse cambiado por la llegada de la Champions League a Moldavia. Una nueva maravilla de Axel.


Es Europa, pero Europa la desconoce. Está en sus límites geográficos, no tan lejos de los países que presumen de poseer los índices de progreso y civilización más avanzados, pero muchos ciudadanos no sabrían colocarla en un mapa. Es el último objetivo de aquellos mochileros que recorren el continente buscando símbolos aún presentes de un cuento de guerras frías que han leído en los manuales de Historia -hasta que se dan cuenta de que entrar en su territorio es realmente complicado-. Nadie habla de Moldavia, pero aún menos de su región rebelde, Transnistria. Un lugar en el mundo escondido en el anonimato más oscuro. Hasta que llegó el fútbol. Hasta que llegó la Champions.

Oficialmente, la República de Transnistria (Pridnestrovia en ruso, y aquí el ruso tiene mucho que decir) pertenece a Moldavia, ese pequeño país de la Europa oriental situado al Este de Rumanía. Sin embargo, cuando cayó la Unión Soviética, y tras una dura guerra, los transnistrios se declararon independientes, y el asunto sigue sin resolverse aún. En las instituciones internacionales, Transnistria es Moldavia. En la realidad del día a día, Transnistria tiene un status que la distingue: con su himno nacional, su constitución y sus controles policiales en la frontera. No pretendo convertirme en profesor de Historia, y voy a simplificarlo tanto que rogaré a los interesados que busquen profundizar el asunto en fuentes más académicas: mientras la cultura moldava es de influencia rumana, la cultura transnistria tiende a lo ruso. O más concretamente, a lo soviético. En las calles de Tiráspol, la capital y ciudad más importante, aún pueden encontrarse símbolos del antiguo régimen: estatuas de Lenin, tanques del ejército soviético ubicados como monumentos, la hoz y el martillo como imágenes recurrentes en los carteles. Y un enorme hermetismo, un control constante -la OTAN ordenó en 2008 que se retiraran las tropas rusas que, dieciséis años después de la guerra, aún permanecían allí-, una barrera en la comunicación con Europa que sobrepasa lo imaginable. No hay turistas en Transnistria.

Anoche, el equipo transnistrio que está dominando el fútbol moldavo prácticamente desde su creación en 1997 -ha ganado las últimas nueve ligas-, el Sheriff Tiraspol, se clasificó sorprendentemente para la última ronda previa de la Champions League. Tras eliminar al Inter Turku finlandés, ayer heló Praga con un gol en el descuento que acabó con las esperanzas del Slavia. Asombroso, o no tanto. El club pertenece a Sheriff, una de las compañías más importantes de la República, controlada por las altas esferas del Estado, capaz de construir en 2002 uno de los estadios más lujosos y modernos del continente. Lo leí una vez en el blog de viajes de un diplomático español que había conseguido visado para entrar en Transnistria: Todo era oscuro y gris en las calles de Tiráspol, hasta que de pronto apareció el brillo. Un estadio cinco estrellas, con su estructura futurista, nos transportó por un momento a otro lugar. Desentonaba. No tenía nada que ver con el resto del paisaje. El Sheriff también alcanzó cierta notoriedad al convertirse en el primer club moldavo que contrató jugadores brasileños y africanos. De hecho, la primera experiencia en el fútbol europeo del interesante delantero beninés Razak Omotoyossi -que acaba de fichar por el Metz- llegó en Tiráspol. Y el goleador de ayer, el central Nadson José Ferreira, debutó con el Santos en el Brasileirao con 20 años en 2005. Su remate puso a Transnistria a las puertas del máximo glamour. Hay que superar una ronda más, pero si lo consigue, la república rebelde saldrá del anonimato y deberá abrirse al mundo -al menos los días de partido-. Me imagino un Milan, un Manchester United, un Barça o un Madrid visitando Tiráspol, con todo su séquito de periodistas y aficionados. Sería casi una invasión de Occidente. El fútbol, una vez más, obraría milagros.


¿Puede el City ganar la Premier?

Julio 22, 2009

Rodrigo Marciel es la cabeza del gran grupo de periodistas que componen el blog Brit Corner, referencia para todo amante del fútbol inglés y, más en concreto, de la Premier. Desde su autorizada opinión, os dejo éste artículo acerca de las posibilidades reales del Manchester City de ganar la, en mi opinión, mejor liga del mundo.

man city

El City acaba de fichar a Emmanuel Adebayor lo que significa que su candidatura a lo más alto debe ser ya una realidad. El equipo del City of Manchester todavía piensa en John Terry como última pieza clave para terminar de engrasar una máquina que asusta y mucho. Ya tienen un portero de primer nivel (Given), un medio centro de garantías (Barry), un brasileño con clase en la banda (Robinho) y una delantera que no tiene nada que envidiar a nadie (Tévez, Adebayor y Santa Cruz). Si consiguen reforzar la defensa no habría excusas para no luchar por el campeonato con Liverpool, United, Chelsea y Arsenal. La situación de los gunners es a partir de hoy más delicada si cabe. La afición reclamaba alguna incorporación y después de lo de Adebayor urge que en el Emirates muevan ficha cuanto antes si no quieren pasar un año difícil.

El City puede ser el nuevo Chelsea. Un equipo construido a base de talonario que no llena sus vitrinas desde hace décadas y que espera romper con la dictadura de los cuatro dominadores del fútbol inglés en las dos últimas décadas. Para ello los jeques han invertido con fuerza justo en un momento delicado para equipos como el Liverpool o el Arsenal que no pueden hacer fuertes inversiones. La paciencia debe ser ahora la llave que haga trabajar con tranquilidad a Mark Hughes. El galés está ante el reto de su vida en los banquillos y debe saber que es el técnico más afortunado de la Premier. No es una locura pensar en el City como campeón pero de momento ya se les puede exigir entrar en la Champions.


De Balaguer a la Premier

Junio 17, 2009

Axel Torres es especialista de fútbol internacional de Marca, presentador y director de Marcador Internacional, programa de culto para los aficcionados al fútbol global, en Radio Marca… y el que nos descubrió a muchos a Roberto Martínez como entrenador y la hazaña que estaba realizando en la liga inglesa con un equipo mosdestísimo, el Swansea. Hoy, Martínez ha fichado por el Wigan y Axel le dedica este artículo en su Planeta Axel, su blog en Marca.com. Enhorabuena, Roberto!

Balaguer ha logrado ganarse la etiqueta de pueblo futbolero. No es nada fácil conseguir una estabilidad en el fútbol catalán cuando estás tan lejos de Barcelona, cuando perteneces a la provincia de Lleida y cuando además no eres ni la capital. Pese a todas esas dificultades, el club de la Noguera ha permanecido muchos años en un grupo de Tercera División enormemente competitivo, quedando campeón en dos ocasiones y conquistando un memorable título de la Copa Catalunya en 2001 ganando al Barça en la final. Su campo es entrañable: situado en la entrada de la localidad, con una grada cubierta en la que la fiel hinchada local intenta hacer valer el factor campo, con un bar situado en el polideportivo colindante, con los niños de las categorías inferiores animando al primer equipo… En ese ambiente creció un técnico que ha alcanzado un banquillo de la liga con más valor de mercado del mundo. Allí se hizo hombre de fútbol desde que era un niño, porque su padre era el entrenador del equipo. Allí aprendió los conceptos del juego a ras de suelo, ese que está intentando implantar en los lugares más alejados de la filosofía del toque. Y un día, siendo aún muy joven, se marchó. Primero a Zaragoza, después al mundo. Después a Wigan. Vivió en el Reino Unido la carrera del jugador que destaca enormemente en categorías modestas: héroe de periódicos locales, leyenda de clubes de magnitud pequeña pero de gran espíritu. Mientras jugaba, ya pensaba en dirigir. El fútbol no sólo estaba en sus pies, lo tenía en la cabeza. Uno de sus equipos, el Swansea, le dio la oportunidad de entrenar cuando aún no había colgado las botas. Éxito inmediato: ascenso en la primera temporada completa, y octavo puesto en la segunda, rozando el play-off de la Premier y firmando un exitoso camino en la FA Cup. Su nombre empezó a sonar en España, donde pocos sabían de él hasta entonces. Y los que lo conocían no tenían dudas: estaba destinado a llegar al máximo nivel. Hoy se ha cumplido el sueño. Veinte banquillos tiene la liga que apasiona al mundo. Uno es para él. El del Wigan. Roberto Martínez es un técnico de Premier League.

No ha sido fácil. El Swansea conoce el valor de Roberto y ha peleado hasta el último momento para evitar su salida. Primero pidiendo una altísima compensación que alejó incluso al Celtic, también interesado. Luego reclamando un segundo pago por los ayudantes que el técnico de Balaguer quería llevarse a Wigan. Se alcanzaron ambos acuerdos, así que también Iñaki Bergara y Oscar Brau -y otros dos miembros británicos del staff- lo acompañarán en la nueva aventura. Ahora toca empezar a trabajar, planificar una temporada que será muy complicada. Steve Bruce ha puesto el listón muy alto, evitando incluso el sufrimiento de un club que, por estructura, historia y posibilidades económicas, parecía condenado a pelear por la permanencia hasta la última jornada. Las dificultades pueden aumentar si, como parece, el presidente se ve obligado a vender al ecuatoriano Luis Antonio Valencia, un centrocampista por el que se interesó el Madrid en invierno y que ahora podría acabar en el Manchester United. Habrá fichajes para intentar mejorar el nivel de una plantilla justita -en la que destacan jugadores como Lee Cattermole o Hugo Rodallega- y el último crack de Roberto en el Swansea, Jordi Gómez, ya suena como posible refuerzo. Viendo los antecedentes, está claro que buscará futbolistas en el mercado español, sobre todo por una cuestión de estilo. Ya lo hizo en Gales, y ahora intentará enamorar a un público no muy numeroso: la ciudad de Wigan tiene más tradición de rugby, por lo que la afluencia en el estadio de fútbol ha sido este año la más baja de la Premier League.

Termino copiando algunos fragmentos de la entrevista que le hice a Roberto en su despacho del Liberty Stadium de Swansea en mayo de 2007 para Radio Marca. Son las respuestas más intemporales y las que nos pueden ayudar más a conocer cómo piensa el nuevo inquilino del banquillo del Wigan Athletic.

¿Ya tenías en mente cuando eras jugador acabarte dedicando a entrenar? ¿Lo llevabas dentro?

Sí, además mi padre era también entrenador y en casa también vives ese ambiente. Cuando salí de Zaragoza y vine para jugar en el Wigan, ya ves el fútbol de una forma distinta: intentas analizar lo distinto que es y ya piensas más como un entrenador que como un jugador. He estado catorce años jugando en Inglaterra y eso me ha ayudado mucho, porque comparas el fútbol inglés con el que se hace en España e intentas quedarte con lo mejor de cada uno y casi sin darte cuenta desarrollas un método como entrenador. Creo que esto ha sido una gran ventaja.

Cuentan que el Swansea juega un fútbol de ataque, de tener el balón, distinto al que se suele ver en Inglaterra… ¿Qué métodos tiene Roberto Martínez?
Sí, aunque ahora la Premiership está cambiando con Wenger, Ferguson, Mourinho, Juande o Benítez. El fútbol británico siempre ha sido muy directo, de mucho corazón, de querer ganar juegues contra quien juegues y donde juegues… El tempo siempre es el máximo. Nosotros hemos intentado siempre estar un poco más en control de la posesión: más que buscar la ocasión de marcar, encontrar la ocasión de marcar. Hay algo que define mucho el fútbol inglés: el típico Wimbledon, cuantas más veces pongas el balón en el área contraria más opciones tendrás de marcar. Hemos intentado cambiar esa filosofía y eso ha requerido paciencia por parte del público: para ellos es frustrante ver cómo el balón va un poco más en horizontal de lo que están acostumbrados. Pero ha pagado dividendos, porque hemos jugado contra equipos muy importantes como Nottingham Forest o Leeds United y esta forma de jugar les ha creado muchos problemas y nos ha dado muchos puntos que nos han permitido el ascenso.

Planteas los entrenamientos de forma competitiva, incluso con concursos entre los jóvenes y los veteranos. ¿Es una forma de mantenerlos motivados?
Piensa que vamos a jugar alrededor de los sesenta partidos oficiales a lo largo de la temporada. Eso en España sería una barbaridad. La forma de conseguir que a estas alturas de temporada los jugadores vengan a entrenar con ganas es hacer unas sesiones bastante intensas, muy competitivas, que siempre haya una razón para ganar. Con sesenta partidos, con tanta exigencia, a veces es más difícil tratar la mente que el tema físico.

No convocas portero suplente, al estilo del Sheffield United, que se hizo muy famoso el año pasado a raíz de ese partido contra el Arsenal… ¿Cómo se te ocurrió, por qué lo haces, de dónde lo aprendiste?
Es una filosofía del fútbol inglés. Cinco jugadores de banquillo no te cubren todas las posiciones del campo y a mi me gusta que tácticamente puedas cambiar cosas. Según qué partidos jugamos, como por ejemplo de Copa, sí pongo portero suplente, porque no puedes correr ese riesgo, pero en otros sí tienes que correrlo porque si no convocas a un portero cubres otra posición y a veces esa necesidad va a ocurrir más veces que la del portero. Estadísticamente, que se te lesione o te expulsen al portero suele suceder una vez cada cuarenta partidos, y en cambio las posibilidades de hacer un cambio táctico o de poder sustituir a un jugador que sabes que no te va a aguantar todo el partido tienen más importancia. Es algo que está muy bien visto en el fútbol inglés, porque aquí además muchas plantillas no tienen dos porteros de primer nivel, sino que hay mucha diferencia entre el número uno y un suplente que está para ayudarte cuando lo necesites. El mercado de cesiones te permite, en caso de lesión, contratar a otro en veinticuatro horas. Es por estas razones que la gente no se asusta tanto cuando no ve un portero en el banquillo. Además, el suplente entrena con el grupo en el calentamiento, ya que puedes cambiar la convocatoria hasta cinco minutos antes de empezar. Entonces, si se te lesiona el titular en ese momento, que suele ser una de las mayores posibilidades, siempre tienes tiempo de cambiarlo. Si sucede durante el partido, siempre hay en el equipo uno o dos jugadores que han jugado o han entrenado como porteros por si ocurre esta situación.


Fusiones, guerras del fútbol y galácticos

Junio 10, 2009

Atículo de Jesús Cacho y publicado por El Confidencial el sábado 6 de junio:

Foto de familia en el diario El País, una de esas imágenes que dicen más que mil palabras. Cinco personajes, casi todos desconocidos para el gran público excepto el que se apalanca en el centro del retrato, retranqueado en actitud campechana, las manos en los bolsillos, apoyando la rabadilla en alguna discreta protuberancia de profundidad desconocida. Juan Luis Cebrián sonríe y parece estar pasándolo muy bien. ¿De qué se ríe Cebrián? Buen director de periódico, mediocre novelista y pésimo gestor de empresa, el hombre fuerte de Prisa ha llevado hasta el borde mismo de la suspensión de pagos al primer grupo de comunicación y entretenimiento de habla hispana, un imperio que hace apenas dos años parecía inalcanzable a cualquier avatar. En lugar de despedirle, los dueños del capital le han redoblado los poderes. Ignacio Polanco ha demostrado que por sus venas corre sangre de horchata, y su hermano Manuel ha jurado fidelidad al bandarra. Con su habilidad para escurrir el bulto, Cebrián ha señalado al apestado: Javier Díez Polanco, abandonado por sus primos y expulsado del grupo como culpable del desastre.

Cebrián sonríe con la mueca del cínico acostumbrado a tragarse sables sin mover un músculo. A su lado en el retrato aparece José Miguel Contreras, primer ejecutivo de La Sexta (Mediapro), un hombre al que el de Prisa ha llamado de todo menos bonito en los últimos tiempos. Pelillos a la mar. Prisa y Mediapro son dos borrachos que, después de discutir durante horas en la barra del bar, deciden ayudarse en plena noche para poder llegar a casa. En realidad, ha sido un guardia muy principal quien les ha obligado a caminar abrazados, les abre el portal y les conduce al ascensor: se llama José Luis Rodríguez Zapatero. Dos cojos que flojean del mismo pie ideológico y padecen idéntico síndrome: no tienen un duro en el bolsillo. De modo que Cebrián se ha comido su orgullo y ahora se fotografía con quienes, a base de arrojo y caradura, le han puesto en evidencia. La salvación de Prisa pasa por fumar la pipa de la paz con el grupo mediático de los amigos de Zapatero, que son los que le han birlado los derechos del fútbol. Se come su orgullo y además acepta que Mediapro aparezca como la salvadora de Prisa, cuando, en el mejor de los casos, esta es sólo una verdad a medias.

Porque Mediapro hubiera entrado en suspensión de pagos –concurso de acreedores lo llaman ahora- el próximo septiembre, cuando hubiera tenido que empezar a hacer efectivo el pago de los derechos del fútbol a los clubes: 600 millones de euros –100.000 millones de las antiguas pesetas- por temporada, durante cinco temporadas. Demasiado para Roures. A arreglar el desaguisado de las finanzas de ambos grupos ha acudido raudo el Gobierno ZP. Se trata de salvar, reforzándolo, el aparato de agitación y propaganda del socialismo español, indispensable para seguir ganando elecciones a base de operaciones de ingeniería social dirigidas a cambiar el sistema de valores de una sociedad. En junio de 2005, el Ejecutivo, violando letra y espíritu de la Ley, autorizó la conversión de un canal de pago (el Plus) en otro en abierto (La Cuatro). Cinco meses después, otorgó un nuevo canal de televisión analógica (La Sexta) a sus amigos de Mediapro. Cansado de la arrogancia de Cebrián, el Presidente había decidido crear su propio grupo de comunicación. Tres años y pico después, con ambos en bancarrota, Zapatero decide intervenir y poner orden, vía Fernández de la Vega, que es la encargada de estas operaciones de cirugía. Basta de líos de familia. Y si antes se repartieron nuevos canales para “aumentar el pluralismo e incrementar la oferta” (sic), ahora se les obliga a fusionarse, se supone que por idénticos motivos.

La operación de “arrejuntamiento” ha tenido otros padrinos no menos poderosos, tal que el re-nuevo presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Ejemplar, como siempre, la sociedad civil española: el hombre que abandonó el club por la puerta de servicio y con el rabo entre las piernas, ritorna vincitore dos años después sin elecciones y por aclamación. Ni una nota discordante. Solo ha faltado el aria de Aida cantada por la Callas. Pérez, como Laporta, necesita la pasta de la televisión como el comer. The show must go on. Ante la evidencia de que Mediapro iba a dejar a los clubes colgados de la brocha, Floro se ha reunido varias veces con Jaume Roures para urgirle a saldar sus diferencias con Prisa y firmar la paz. En el papel de go-between, Antonio García Ferreras, director general de La Sexta, el hombre que le lee los periódicos a ZP por las mañanas y que lleva meses reuniéndose con Pérez y Valdano para urdir el nuevo Madrid. El club blanco cobra 120 millones de euros por los derechos televisivos, una cifra importante aunque insuficiente para los fichajes galácticos que proyecta el nuevo mandatario, déficit que habrá que cubrir construyendo unas bonitas torres, con unos preciosos jardines ad hoc, en los terrenos donde hoy se levanta el Santiago Bernabéu en plena Castellana. Gallardón ya está advertido. Nueva operación especulativa a la vista.

Al margen de los sueños de grandeza de los chicos de Mediapro y su fantasmagórica Gol TV, lo cierto es que el fútbol de pago solo se puede ofrecer a través de Digital Plus, la única plataforma capaz de aportar a los dueños del negocio la seguridad de poder cobrar, es decir, sacar la pasta a los abonados. Salvo el partido semanal en abierto, que obviamente no será el mejor, se acabó ver la final de la Champions gratis total. La guerra civil que se ha venido librando entre los dos bandos de la izquierda mediática nos había malacostumbrado. A partir de septiembre, quien quiera ver fútbol del bueno tendrá que rascarse el bolsillo. Todos salen ganando, menos, naturalmente, los consumidores. Los amigos de Zapatero consolidan sus posiciones de poder y alejan el fantasma de la quiebra, mientras Prisa retorna al monopolio de concesión administrativa, la única filosofía de mercado que entiende. Digital Plus vuelve a tener valor. Ahora ya puede Cebrián pedir los 3.000 y más millones de euros que antaño reclamaba por la plataforma y que tantas risas ha provocado en la banca de negocios. ¡Oído cocina!, gritan en Telefónica.

Telefónica pagará esta ronda

Porque en este festival de nepotismo y arbitrariedad falta por aparecer cual Deus ex machina la primera multinacional española. Alguien tiene que pagar esta ronda, y ese alguien es Telefónica, la compañía dizque privada que en España está para un roto y para un descosido, desde financiar cátedras, de la mano de Covadonga O’Shea, para “impulsar la investigación en el sector de la moda y potenciar la formación de nuevos modistos”, hasta dar trabajo, es un decir, a los yernos de S.M. el Rey. El broche de oro, nunca mejor dicho, a esta gran operación política lo pondrá Telefónica comprando Digital Plus al Grupo Prisa, como reclama Cebrián, y por el precio que pide Cebrián. Con la sentencia del caso Tabacalera en los fogones judiciales, el margen de maniobra de César Alierta para resistirse a una seña de Moncloa se antoja más bien escaso.

Operación política de altos vuelos, que consolida un nuevo emporio mediático al servicio de la “España de la Ceja”. Malas noticias para la derecha, que, ayuna de apoyos mediáticos, sigue sin enterarse de qué va esta vaina. Estamos ante una formidable concentración de poder mediático -que concluirá con la fusión de ambos grupos- y el práctico monopolio de la televisión de pago. Triunfo de Cebrián y progresiva pérdida de presencia de los Polanco, que se deshacen cual azucarillo. En lo que ZP respecta, utilización torticera del Poder en beneficio de los amigos, en un ejemplo más de la imparable deriva peronista de la democracia española. Las relaciones de amor-odio existentes entre ZP y Prisa son, en efecto, un calco de las que Kirchner mantiene con el Grupo Clarín. Una operación que tendrá consecuencias de futuro, al consolidar las opciones del gran trujamán leonés. En los últimos tiempos, las discrepancias entre Prisa y el Gobierno socialista han supuesto una corriente de aire fresco muy de agradecer en un país como el nuestro, tan acollonado a la hora de discrepar de la verdad oficial. El cierre de filas en la izquierda mediática blinda el aparato de agit-prop zapaterista y augura una nueva era glaciar en el invierno español de las libertades informativas.