TVE vuelve a las andadas por enésima vez y, como casi siempre, quién paga los platos rotos es la Premier League. A pesar de reservarse el derecho a emitir el primer partido realmente grande de la temporada, el Manchester United-Arsenal, el más importante de la jornada, la cadena pública lo emitirá en diferido para retransmitir la clasificación del GP de Indianápolis de MotoGP.
Y os preguntaréis… por qué no emiten uno por La2 y el otro por Teledeporte? No pueden. Por alguna razón que se nos escapa, el contrato que TVE tiene con Dorna, la empresa organizadora del Mundial de Motociclismo, exige que ningún otro acontecimiento pase por encima de las motos. Es decir, las motos deben ir tanto en una de los dos canales clásicos -La1 o La2- y, además, por Teledeporte. Totalmente ridículo el desaprovechamiento de los distintos eventos deportivos que posee TVE, que ya lleva muchos meses haciendo despropósito tras despropósito.
Y podría haber sido peor, pues hasta ayer TVE anunciaba que emitiría la primera parte del partido, para cortar en el descanso y conectar con las motos. Hubiese sido el acabose.
No creo que se pueda imaginar un desenlace más emocionante en una carrera de motociclismo. Lo que se ha vivido hoy en Montmeló es un duelo de los de guardar en la videoteca y disfrutarlo una y otra vez en el futuro. Un duelo entre el más grande de la historia y el aspirante a sucederle en el dominio del motociclismo mundial.
En un lugar inverosímil, en la última curva, donde nadie lo esperaba, Rossi ha culminado una última vuelta de infarto. Es un adelantamiento sólo al alcance de los más grandes y sólo podríamos esperarlo de un mito como él. Venía pegándose a la rueda trasera de Lorenzo desde que entraron en el estadio y no sólo se le coló sin que lo esperase, sino que le cerró la puerta a la hora de acelerar para evitar que el español se la devolviese en la recta como hiciera Stoner en 2007.
¿Qué decir de Lorenzo? Ha alcanzado una madurez extraordinaria. Atrás ha quedado esos tiempos en los que se le conocía por ser un piloto temerario y ha conseguido controlar esa agresividad y hacerla productiva, minimizando los riesgos. Además, ha conseguido serenarse también fuera de la pista y cada vez gana más simpatías entre los aficcionados. Va camino de convertirse en un piloto del más grande nivel, y promete luchar por este título hasta al final a dos campeones del mundo de MotoGP: Rossi y Stoner.
Ahora el Mundial queda más igualado y bonito que nunca: triple empate entre los tres mejores. Vamos a vivir un año de infarto en esta categoría, algo de lo que la excesiva electrónica quería privarnos. Pero el espíritu competitivo siempre estará por encima.