… o la crónica, aunque atrasada, del GP Hungría 2009 de Fórmula 1.

El pasado domingo vimos en Hungría otra vuelta de tuerca que parece llevarnos en los últimos grandes premios de vuelta a una situación de la que muchos aficionados piensan que no se debería haber salido nunca, y que a punto ha estado de cargarse la Fórmula 1. Esta situación es, nada más y nada menos, la normalidad. Es decir, que los grandes ganen carreras y estén arriba y los modestos luchen por puntos y, en días especiales, buscar un podio. Aunque parezca de perogrullo, parece que es lo único que puede devolver el interés a una categoría excesivamente descafeinada en este principio de temporada, casi exclusivamente por el difusorgate, trampa para unos y genialidad para otros, pero que ya disfrutan todos los equipos, con mayor o menor éxito. Parece mentira que en el deporte tecnológicamente más avanzado, la mejor solución sea volver al pasado.
Y en ese pasado, no tan lejano aunque lo parezca, empezaba a sobresalir un chaval que iba para genio de esto del volante. Lewis Hamilton volvió a ganar, muchos meses después, dando una lección de ganas y agresividad (vaya salida y vaya ataque a Mark Webber) a la primera ocasión en que ha tenido un coche realmente competitivo.
Es una gran noticia que el inglés siga queriendo hacer cosas grandes, y es posible que todos estos grandes premios en la sombra -sobre todo en la sombra de Jenson Button- le hayan servido como una lección para el futuro. Aunque vamos a seguir hablando del pasado, de sus duelos con Fernando Alonso. Aunque no recuerdo que se llegase a producir ninguno en pista en 2007, su rivalidad estaba destinada a ser la que marcase estos años de Fórmula 1 -¿qué sería de la F1 sin los Senna-Prost, Schumi-Hakkinen y decenas de grandes rivalidades dentro y fuera de la pista?-. Ambos volvían a compartir protagonismo en pista en un GP después de mucho tiempo, y el mero hecho de pensar en que pudiesen disputarse la carrera en un mano a mano ponía los pelos de punta a cualquier aficionado. Finalmente todos sabemos lo que pasó.
Y es que, aunque Alonso diga que no, a todos nos vino a la cabeza aquel maravilloso GP de Hungría de hace 3 años. El asturiano dió una de las mayores lecciones de pilotaje sobre agua que se recordaban en mucho tiempo. Con el diluvio universal cayendo sobre Hungaroring, y a pesar de salir desde la mitad de la parrilla, en la vuelta 15 ya estaba doblando pilotos, entre ellos al mismísimo Michael Schumacher -¡qué memorable adelantamiento por el exterior de la última curva!-, rival directo por el título. Aquel día, con todo a favor para dar un golpe de efecto en el mundial, a uno de sus mecánicos se le olvidó apretar convenientemente la rueda trasera derecha y, dos curvas más tarde, Alonso perdía la tuerca correspondiente -a la que le faltaba alguna que otra vuelta- a la par que el control del coche y se estrellaba contra las protecciones. Se acababa ahí una actuación que iba camino de ser mítica. Lo del domingo no era ni mucho menos lo mismo, pero quizás sí era igual de simbólico. Al igual que Hamilton, resurgía de sus cenizas tras una temporada instalado en los resultados mediocres, dando sensación de una cierta solidez, pero de nuevo volvió a fallar la tuerca y todo se fue al garete, aunque esta vez tenga peores consecuencias porque Alonso fue capaz de mantener el coche en pista y al final acabó perdiendo la rueda.

Y tabién viene a cuento recordar aquella carrera por los tres protagonistas del podio:
A Button y Brawn parecen habérsele acabado las rentas y, posiblemente, el dinero. La fulminante superioridad de las primeras carreras ha dado paso a una lucha por arañar puntos ante equipos que vienen pisando fuerte tras la incorporación del doble difusor. Incluso Barrichello ha acabado fuera de los puntos en este GP. Mientras, los Red Bull, recortan las distancias a grandes pasos, que podrían ser mayores si Vettel no cometiese una pifia cada tres carreras. Ahora el que más acecha el primer lugar en la clasificación de pilotos en Mark Webber, que se encuentra en una situación pintiparada para proclamarse campeón mundial, algo impensable hace sólo 6 meses.
El segundo puesto en 2006 fue para Pedro de la Rosa, quién parece haber firmado un contrato con Campos GP para volver a competir en F1, donde no lo hacía desde aquel año. Todo esto, por supuesto, si finalmente el equipo español liderado por Adrián Campos consigue entrar en la parrilla el año que viene, toda vez que la FIA ha accedido a las peticiones de la FOTA, con lo que Campos GP sería, casi con seguridad, muy poco competitiva en la próxima temporada.
Y de una entrada, pasamos a una salida, la de BMW Sauber, que había logrado su primer podio desde su formación en ese mismo GP de Hungría, de manos del constante Nick Heidfeld. Precisamente aquel día debutaba en la Fórmula 1 una de las grandes promesas del momento, también a los mandos de un BMW, Robert Kubica. Hoy, el polaco es una realidad, pero una realidad sin equipo para la próxima temporada, al igual que Nick Heidfeld. A buen seguro que a ninguno de los dos les faltarían ofertas, pero parece que el anuncio de abandono de la escudería germano-suiza no es definitivo. Tanto la FOTA como el copropietario Peter Sauber tendrían intención de reflotar el equipo, aunque seguramente sin la participación de BMW, por lo que podríamos estar ante la vuelta del equipo Sauber, predecesor de la actual escuadra. Otro que también tendrá muchas ofertas si el nuevo invento no cuenta con los suficientes apoyos en Mario Theissen, genial ingeniero y mejor director de equipo.
Escrito por Cabeson do Carallo 



Escrito por Cabeson do Carallo
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